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Miquel Juliá

Fotografía y mentiras

En mi familia no había ninguna afición por la fotografía más allá de la pretensión de tener un álbum de recuerdos, por tanto me cuesta recordar el motivo que, desde muy niño, me llevó a querer tener una cámara entre las manos y capturar pequeños instantes y fragmentos del mundo que me rodeaba. Solo puedo suponer que tal vez influyera la pasión de mi abuelo por la pintura especialmente por el paisaje para lo que usaba casi siempre alguna fotografía para sus cuadros y por la gran afición de mi padre por el cine.

Fotografía de Miquel Juliá

La cámara familiar era una Kodak Instamatic y con esa cámara empecé a ver el mundo a través de un visor y sin ser aún consciente de ello a encuadrar.

El encuadre es la primera gran mentira, porque la cámara aún imponiendo sus límites no miente pero el fotógrafo sí. El fotógrafo decide lo que quiere ver, cómo se va a ver y a maquillar o esconder todo aquello que no le gusta o simplemente no quiere que veamos

La fotografía es la única disciplina artística que necesita de un modelo real para crear una imagen, no se puede hacer una fotografía de la nada, no tenemos un lienzo en blanco o un material al que dar forma, por tanto de alguna manera manipulamos, recreamos, transformamos y mentimos.

Foto de Miquel Juliá

Aficionado a la fotografía desde siempre mi formación fue autodidacta hasta los 26 años, momento en el que pude estudiar en el CAV ( Centre d,Arts Visuals )
Al acabar los estudios entré a formar parte del profesorado del CAV hasta su disolución, pero continué unos años con la enseñanza en centros públicos e instituciones privadas combinando al mismo tiempo la enseñanza con el trabajo de laboratorio, alejado todo lo posible de la fotografía de eventos sociales.

La aparición de la fotografía digital supuso para mí un cambio radical que, junto a una serie de circunstancias personales, provocaron un parón en mi actividad fotográfica.
Ya no entendía la fotografía ni sus procesos y abandoné cualquier intento de continuar con el trabajo profesional hasta que en 2017 decidí volver a coger una cámara y aprender los recursos de la imagen digital pero dejando de lado cualquier pretensión que no fuera mi propio disfrute.

Actualmente uso cámaras digitales y analógicas de formato medio y me estoy introduciendo en el gran formato.
Proximamente presentaré en Can Monroig una serie de fotografías performáticas realizadas alrededor de la propuesta de Marie-Noëlle Ginard “Refugio”, una instalación textil en plena naturaleza, alrededor de la cual se realizó una performance en abril del 2022 y en la que también participaron los fotógrafos Gabriel Ramon y Robert López Hinton.